Bolivia, 10 de febrero de 1781
Humildemente, le recomiendo al príncipe Felipe de Borbón que no venga a Bolivia para presenciar la asunción de Evo Morales. Digo, por la historia de nuestros pueblos no creo que sea conveniente para su salud emocional.
Ahora bien, me pareció mas prudente recordar los sucesos nombrados por Evo Morales en el día de su asunción en el templo de Kalasasaya de Tiwanaku.
Tan sólo una fecha, 10 de febrero de 1781. El siguiente artículo pertenece al diario La Razón de La Paz, modifiqué algunas lineas que no me gustaron como estaban escritas, sobre todo por la parcialidad de sus fundamentos, aunque el texto se mantiene mayormente como vino de fábrica.
Fue todo una secuela de hechos a partir de la deposición y fuga de las autoridades reales, la proclamación en cabildo abierto del criollo Jacinto Rodríguez de Herrera como nuevo Corregidor en reemplazo del fugitivo titular hispano Ramón Urrutia y las Casas, la victimación de españoles y varios de sus esclavos negros, la incursión creciente de nativos a Oruro, la profanación de templos, saqueo y venta de ornamentos de culto, vanas procesiones religiosas en procura de aplacar los ánimos, el pago de un peso a los indios para que abandonen la villa, seguido de un sitio y posterior guerra india contra Oruro; quebrada que fue la alianza criolla-mestiza-india.
Dentro de la trama conspirativa de Oruro, la mayoría de miembros del clero local y de provincias se definieron por la rebelión, corriendo, después, las contingencias de los demás alzados, aunque con menor rigor.
El alcance de la insurgencia se puso de manifiesto a partir del 14 de febrero. No obstante la confirmación de Rodríguez como Corregidor y Justicia Mayor, no calmó los ánimos de los indios que ya habían comenzado a a reaccionar contra los criollos.
De pronto, surgió una voz de que el Corregidor y demás criollos de la villa y sus esposas, así como los mestizos, los negros sus mujeres e hijos, vistieran a la usanza india, bajo amenaza de muerte. Los varones tuvieron que llevar jubones de bayeta, chaqueta y montera; las mujeres, acsus, almillas y pantas, en una anticipación tragicómica —que sólo los curas no obedecieron— de la vida diaria en un restaurado imperio inca que no pudo ni podía darse, sobre todo, después de la detención y cruel ajusticiamiento de Túpac Amaru en el Perú, en mayo de 1781; es decir, a tres meses del triunfo orureño sobre los realistas.
Rodríguez, preocupado por el cariz que iba tomando la presencia de millares de indios en la Villa, ofreció el pago de un peso para que se fueran voluntariamente. Ni así se pudo detener los desmanes. El Corregidor se mantuvo 24 meses, siendo aprehendido, como los demás alzados, y conducido a Buenos Aires.
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Desde aquel triunfo orureño sobre los realistas, hasta la victoria y asunción de Evo Morales como lider Espiritual de Bolivia, no sucedieron sino despojos. Que le voy a decir, estoy emocionado. Latinoamérica es otra. O aquella, nuevamente, la que nos habían quitado.




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